EL JUDÍO ERRANTE
Qué buen libro. Empieza con una historia de ciencia ficción
(aparentemente) pero va contando la historia del mundo desde la época de
Jesucristo hasta nuestro tiempo. Pero en
el fondo de la historia puedo analizar que el único sentenciado no es el “judío
errante” de la historia. Prácticamente
la historia indica que todo el pueblo ha sido sentenciado, estigmatizado o tal
vez "maldecido" sería más exacto.
Si yo fuera judío ya hubiera
renunciado o al menos me lo tomaría tan indiferente o deportivamente como mi
condición de “católico” o “hincha del Medellín”. En cuanto a la religión, no sé cómo diablos
puedo ser considerado católico si jamás me he confesado y no me simpatiza la
iglesia, empezando por los grandes jerarcas y su afeminada forma de
hablar. A pesar de todo, fui bautizado,
hice la primera comunión, me confirmé y me casé por lo católico. No es muy diferente el tema de mi “afición
por el Medellín”. Realmente me importa
un pepino que gane o pierda y mis mayores alegrías deportivas se dan cuando
pierde Nacional. Pero cuando alguien me pregunta de quién soy hincha, la
respuesta es inmediata: del Medellín.
Creo que si yo fuera judío, esa
misma sería la actitud para poder sobrellevar una vida tranquila y digna: en
primer lugar no andaría pregonándole a nadie que profeso esa religión y en
determinadas circunstancias, lo negaría rotundamente. Luego de leer todo lo que han padecido los
judíos en la historia y la forma en que hoy se desquitan con los palestinos,
indica que siempre están metidos en un eterno conflicto. Durante siglos como víctimas y en los últimos
años como victimarios. La peor condena
que lleva el pueblo judío es quizás no poder vivir en paz. No tiene paz ni siquiera consiguiendo su
anhelado territorio y gozando del poder
económico, de las armas, de la tecnología, de los escudos antimisiles y de la protección
del tío Sam.
Una de las cosas que ratifico con
este libro es que por más avanzada que esté la humanidad, no dejaremos de estar
anclados a ciertas creencias que las religiones se empecinan en mantener. Todas las religiones terminan siendo iguales
al considerar que cada una es dueña de la verdad y el único camino para llegar
a Dios. Un Dios que cada uno
individualiza y utiliza de excusa para mandar mensajes “dichos por él”. Según la circunstancia, Dios puede ser el ser
más comprensivo misericordioso y amoroso, pero luego pasa a ser fuente de
castigos, enojos y venganzas contra un
pueblo o un individuo. Nuestro antiguo
testamento católico está lleno de ejemplos.
Aunque no lo crean, yo leí varios libros del antiguo testamento y como
buen católico puedo dar fe de que las actuales masacres de guerrilla y
paramilitares no llegan ni a la categoría de “acalorada discusión” comparadas
con las matanzas que hacía el pueblo elegido, para agradar a Dios, en su camino
a la tierra prometida. Es más, en
algunos pasajes el mismo Dios le dice a Moisés: “vayan a tal ciudad, maten al rey, a sus familiares a su ejército y no
dejen a nadie con vida. Tranquilos que
ustedes van con el tótem de la inmunidad por cortesía mía ¡quén es uno papá que los quere tanto!”. Bueno,
imagínenselo en lenguaje bíblico traducido por españoles. A mí se me sale el montañero sin querer
queriendo, pero la historia es real.
Ojalá la humanidad lograra
combinar su avance en conocimiento con una paralela evolución espiritual que
finalmente conlleve a una sana convivencia de los hombres entre sí y de los
hombres con su entorno (la naturaleza).
La historia de los judíos de alguna manera es la historia de toda la especie
humana y ha sido relatada de manera muy creativa.
Hay cosas en la vida que no
podemos cambiar. Por ejemplo ser
negro. No lo pudo cambiar Michael
Jackson con todo su dinero. Como tampoco
se puede cambiar una condición o inclinación sexual: la ciencia indica que la
identidad sexual nace con el individuo.
No existe hoy en día un tratamiento contra la homosexualidad y todo
intento por crear “una cura” termina en abuso de derechos humanos, así que
frente a realidades como esta lo único es auto aceptación y mucho respeto por
parte de la sociedad. Otra cosa muy
distinta es nacer en una religión. Digo
nacer porque nadie nos pregunta si queremos o no pertenecer. Cuando menos pensamos ya estamos bautizados,
iniciados, circuncidados, etc., etc.
Pero a diferencia de lo estrictamente genético, lo religioso tiene
solución: me salgo, me cambio o le hago por los laditos. Eso exactamente haría si fuera judío.
Jorge Mario Muñoz